BOSQUE NATIVARodrigo Ortega
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El tema orgánico siempre ha sonado a una especie de democracia dentro de lo posible. Un asunto de semántica y práctica creo yo. Pero de qué otra manera se podría zanjar el problema de su vida útil si no es añadiéndole sulfuroso. Aunque este cuento es de nunca acabar el tema que a uno le da vueltas es que la gente con suerte entiende un vino orgánico, menos uno hecho con uvas orgánicas. Y detrás, en el campo, un tremendo intento por hacer vinos más amigables con el medio ambiente. ¿Tendrá sentido todo el esfuerzo?
Como sea, para quienes son fieles de este tipo de vinos probablemente estas palabras son solo charcutería. Pero déjenme decirles que a veces todas esas ganas valen la pena. Nativa, la mítica línea liderada en los 90 por el gurú orgánico Álvaro Espinosa ahora se relanza como el brazo orgánico de Santa Rita haciéndose un lifting de aquellos. Un proyecto al que les compro, más que por su lado green, por el sentido de origen que lograron darle a sus vinos.
De la mano de su enólogo, Felipe Ramírez, este año sacaron en Chile tres ejemplares al mercado. Dos reservas, un carménère y un cabernet sauvignon ($3.800). Simples, sensatos con una madera bien casada. Nada espectacular. Pero por el que valió la pena llegar a la cata fue por su Gran Reserva Cabernet Sauvignon 2006 ($7.800). Un salto sideral en términos de edición y factura. Nacido del fundo Garrido en Buin, en Maipo Alto, un campo que a pesar de tener un serio problema de nemátodos bajo sus parras, igual se las ha arreglado para sacar una joyita. Joyita porque en este nivel de vinos y a ese precio, gran reserva, son pocas las ocasiones para impresionarse. Generalmente uno solo percibe bosquejos o buena intenciones. Wow, acá si que tenemos una buena señala de identidad.
La típica pregunta que a uno le hacen los amigos es si hay algún vino bueno, bonito y barato. Hay demasiado vino dando vueltas por ahí. Debe haber unas 30 etiquetas orgánicas Cono Sur con su Bicicleta, Matetic y su EQ Syrah, los Cabernet Sauvignon de De Martino en Isla de Maipo; Emiliana con su Adobe y Novas. En el caso de este 2006 es lejos lo mejorcito que ha salido este 2010 al mercado orgánico. Hay carácter, unidad en el mensaje y un sello. Hasta ahora. El vino que más que decirme orgánico me dice Maipo Alto. Por su nota de eucaliptos, siempre relacionada a Peñalolén en particular, pero mas que nada por sus aromas de bosque nativo. Uno parece estar subiendo una colina llena de peumos y quillayes. ¿Como se llama esto? Identidad. Origen. Acá hay una fruta madura, es más bien abocado y con una factura en boca equilibrada con taninos redondos. Una ganga. Pero al que hay que dejarlo reposar un rato antes de capturar todo ese bosque Nativa.
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